Sin lluvia ni luz: el humano moderno como vino al mundo
Este se supone sería un día espectacular. Primero estaría descansando del hecho de tener el tarro del Gamalier en casa — no es un cacho, pero es un tarro que debías tener para ayer… por lo menos ya está entregado –, luego la tensión de saber qué lugar sacamos en el concurso del ensayo sobre el cobre — que salimos segundos — y porque habría estado descansando de una ardua y dura semana de trabajo. En fin, las cosas nunca son como uno quiere…
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