El Drama de los Nuevos Profesionales: la letal Lista de Tareas
Creo que de verdad nadie les enseñó a los nuevos profesionales (los egresados entre fines de los 80 y fines de los 90) cómo fomentar la productividad de forma eficiente, sin menoscabar al subordinado. De hecho, creo que no hay clases de asertividad. Eso es malo, ya que generan un problema que los puede afectar a corto o mediano plazo, si es que no los está afectando ahora, y es la letal “Lista de Tareas” o “Lista de Quehaceres”.
Mi actual jefe, uno de los 4 que tengo en promedio, es una Químico Farmacéutico que tiene un par de años de egresada. Con suerte tendrá 35 años, si es que los tiene. No es mala persona, y de hecho es bien humana en ése sentido: no es déspota ni idiota como el común de los jefes, aunque tiene el pequeño pero de las Listas de Tareas.
A ver. Primero definamos qué es una Lista de Tareas. Tomando en cuenta el exiguo horario que cumple y lo estresante que es tener que chatear con las tontas de Bodega para preguntar por si tienen o no tienen algo, muy poco tiempo le queda para asignar tareas en tiempo real, así que las deja escritas. La Lista de Tareas que defino, a partir del contexto expuesto, se escapa a la típica idea de la común y silvestre lista de tareas que todos hacemos, sino que esta Lista de Tareas se caracteriza por 3 cosas: No tiene como título “Lista de Tareas” — usualmente se llama “cosas que hacer para <inserte fecha aquí>” –, contiene más de 5 tareas — de las cuales 4 son tareas tediosas y que no son completables en 1 día — y cada tarea contiene 2 o más sub-tareas — o una descripción breve de la tarea, que es como lo mismo.
Ya definido lo de las tareas, vamos al asunto. Deja una pequeña pero letal cantidad de tareas por hacer, tediosas por lo demás, y usualmente lo hace cuando uno está actualmente desarrollando una tediosa tarea.
Para esta clase de cosas uno, la mayoría de las veces, dedica todo su tiempo a aquella tarea, olvidando que uno debe atender gente. Bueno, eso es lo que yo hago: atiendo o hago lo que dice la lista. Creo que es obvio que igual uno termina haciendo ambas cosas, y eso hace que la lista se vaya aplazando, hasta que la jefa pregunta “¿hicieron lo que pedí?”. Ahí es cuando te cuestionas tu permanencia en tu empleo.
El resto de las situaciones son inferibles, así que no alargaré más esto para llegar a la parte de lo que propongo que se debiese hacer.
Primero es establecer metas logrables a corto plazo y de acuerdo a las condiciones del entorno. Si veo que hay 10 cajas de mercadería apiladas y mucha gente que atender, no voy a mandarlos a limpiar vidrios.
Lo segundo tiene que ver con la distribución de las tareas entre la gente para acelerar el proceso. En el mismo escenario anterior simplemente divido a la gente en 2: un grupo saca la mercadería de las cajas y el otro atiende.
Y lo tercero tiene que ver con respecto al incentivo. No necesariamente dinero, pero incentivar a los que trabajan a que trabajen bien, reconocer su trabajo y hacerlos sentirse satisfechos al lograr completar una tarea exitosamente.
Con esto tienes gente trabajando bien, contenta consigo misma y con su trabajo, y estando siempre dispuesta a trabajar.
De todas maneras, me gustaría ver esto hecho, no sólo en mi trabajo, sino que en todo lugar de trabajo… un ejemplo a seguir. Puede que parezca teórico, pero si lo aplicaran de verdad verían cambios.
Háganlo, ya verán cómo cambia su vida y la de su gente.
