Elecciones Municipales 2008: Leyes, Votaciones y la Presunción de Inocencia
No, que no me he martillado el dedo. Sólo fui a votar al colegio y he vuelto al trabajo.
Esto de las elecciones me ha gustado desde pequeño, no sólo por lo entrete del proceso eleccionario y las estadísticas, sino porque es algo que no se da siempre, genera un gran movimiento en el país, porque salgo con mis padres a cumplir con nuestro deber cívico y porque termino con un dedo entintado. Qué loco, ¿no?
Sin embargo hay mucha gente que odia los procesos eleccionarios y no quiere ir a votar. Lo ven como un cacho, algo innecesario. Entiendo, en parte, eso de un vocal de mesa — bueno, lo entendía: ahora les pagan — pero no de una persona que tiene que hacer un trámite que no toma más de 20 minutos y que no interfiere mayormente con sus aburridos planes para un día domingo. En ese sentido creo que mucha gente no merece ser poseedora del poder para votar… son unos completos imbéciles.
¿Pero qué pasa con las consecuencias del voto? Bueno, es algo interesante y que siempre me ha llamado la atención, ya que involucra mucho a ésa gente tonta que no decide y lanza al azar, o a aquellos que venden su voto al mejor postor… o los que le dan el voto al que votará la mayoría. La experiencia en mi ciudad dicta que hay que elegir a conciencia, pero también demuestra que la gente a veces no aprende porque no quiere.
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Hay mucha gente que me ha comentado que hay un mundo de diferencias al leer El Principito en la niñez contra la adultez, y que «cada vez que lo lees sacas algo nuevo». También hay mucha gente que comenta lo mismo de Neon Genesis Evangelion… aunque son menos.