Sin lluvia ni luz: el humano moderno como vino al mundo
Este se supone sería un día espectacular. Primero estaría descansando del hecho de tener el tarro del Gamalier en casa — no es un cacho, pero es un tarro que debías tener para ayer… por lo menos ya está entregado –, luego la tensión de saber qué lugar sacamos en el concurso del ensayo sobre el cobre — que salimos segundos — y porque habría estado descansando de una ardua y dura semana de trabajo. En fin, las cosas nunca son como uno quiere…
Primero la lluvia que tanto amenazó con caer sobre nuestras cabezas cayó hoy. Eso es bueno, el día no sería tenso en la farmacia.
Segundo: se cortó la luz. Quedar sin suministro eléctrico implica una serie de cosas, como la cancelación del acto de premiación, el volver a usar mi tarro después de casi una semana de no poder tomarlo y que la maldita farmacia depende de la electricidad para poder decir los precios y hacer las ventas. En fin, nada bueno al parecer.
Sin embargo esto es bueno. Tanta lluvia y viento hace que la gente prácticamente no venga a comprar, por lo que revisar precios no será un verdadero cacho. Además me hace pensar en el experimento social más difícil de ejecutar: que hace la gente para vivir sin electricidad en la actualidad. Estamos sin televisión ni radio, ya que las antenas también están sin energía. Estamos sin mayor luz solar, porque es un día lluvioso… a las 6 de la tarde esto será una boca de lobo. Y así… aún quedan combustibles, alimentos, telefonía y un largo etcétera, pero el hecho de no tener electricidad es algo sensacional.
Veremos que pasará el resto del día, y veré cómo la demencia se apodera de habitantes y turistas, que llegaron en caravana ayer. ¡Vamos baterías!
