Noviembre 20, 2006 | 19:29

Un feedback no muy agradable: Pagos instantáneos

Categorías: Vida; Sentimientos

El fin de semana pasó algo muy curioso, digno de un post. Estaba en la pieza de Eliseo, haciendo cosas con el computador (jugar, grabar DVDs, jugar… creo que jugar también), y me encuentro en medio de una conversación muy amena e íntima entre Manuel y Yukra. Estaban hablando de cosas personales, bien íntimas, y de mujeres… es un tema que me encanta hablar, más que nada para despedazar mis problemas de relación con las mujeres. Me encanta escuchar las sugerencias que me pueden dar las personas que me escuchan. En fin, estaba entre medio de lo que hablaban, pero yo no estaba participando, hasta que me preguntaron cosas. Me gusta contar cosas de mi vida, porque así me doy a conocer y me doy a entender, pero sigo teniendo algunos dramas de expresión.

En fin, terminé contando un par de situaciones que me han ocurrido en estos años, siendo el tema principal mi problema con Jessica. Creo que ese es un tema interesante para evaluar mi situación. Me acosté como a las 4 y media de la mañana, sin sueño, y un caos en la pieza.

Entre muchas cosas que hablamos, pasó entre medio un tema que es inusual que vea: justicia y paciencia. Con Manuel estuvimos hablando un buen rato sobre lo que es la justicia, la venganza, la paciencia. El ajusticiar a partir de tu propio punto de vista y de tus manos, la conveniencia de ser justiciero, la paciencia para no hacer justicia con tus manos, el esperar a que paguen sus actos… en fin, un delicioso tema.

Ahora, ¿qué tiene que ver un feedback desagradable con la justicia? Mi papá es un acérrimo creyente de la justicia divina, que cae sobre nosotros en cualquier momento, y nos hace pagar nuestros actos con adversidades de calibre jodido. Un ejemplo monumental es el que está pasando el (todavía) actual alcalde de Pichilemu, Jorge Vargas, que hace varios años está enfrentando un juicio en su contra por un caso de cohecho. Obviamente, como mucha gente en Pichilemu, deseo que caiga luego a la cárcel, y pague definitivamente por todas la fechorías que ha cometido contra el pueblo Pichilemino, pero más contra mi familia y mis cercanos, a los que indirectamente ha jodido la existencia. Es lógico que no tenemos pruebas fehacientes de aquello, pero yo y mi papá intuimos que él (como lo fue Pinochet en su tiempo) es el responsable intelectual de aquél tipo de cosas. Habrá que esperar a ver qué hace la justicia, o que se le acaben las oportunidades e instancias para evitar su entrada a la cárcel. También espero que el pueblo de Pichilemu aprenda de ese gran error, cometido 3 veces por lo demás, y que comience el camino a la evolución como pueblo.

Bueno, siguiendo con la idea, yo creo que existe una justicia divina, que por jugoseo la llamo “Ley del Equilibrio Cósmico”. No, no tiene que ver con el Gato Cósmico ni con la otra Ley de Equilibrio Cósmico. De hecho, lo que diferencia una ley de la otra es que una tiene una “l”. La idea de esta ley es que todo se paga, ya sea en cuotas o al contado. También hay gente que paga por adelantado. Se pueden armar una idea de la referencia que tienen estos conceptos con la mecionada ley. Bueno, si no entendió, pues piense un poquito. Si quiere, lo aplica a su vida y verá lo que digo. Incluso acabo de poner un ejemplo práctico. Si tiene demasiados dramas, pues comente que tiene problemas para comprender el concepto, con gusto le explicaré. (No estoy explicando la idea de la ley y los pagos porque eso toma muchas líneas, más de las que están ya puestas, prefiero darme el tiempo de simplificar la idea cuando me pregunten.)

El día viernes tuvimos nuestra última clase de Física-N en la universidad, y el profesor había pedido apagar los celulares. Poco más tarde, durante la clase, a alguien le sonó su celular, y alegué por ello. “¿No habían dicho que había que apagarlos?” Esa clase (como muchas) la habían chacoteado completa, y más encima los llamaban en clases. Me dio rabia, porque estaba poniendo atención a la clase, y trataba de comprender lo que el profe estaba explicando. Cuento corto: una docena de minutos después me llama mi papá, para preguntar si debía depositarme o no. Se preguntan, y por qué no pesqué al profe cuando advirtió que apagáramos los celulares… simple: porque nadie, NUNCA, me llama. En realidad no es tan nunca, pero es poco recurrente que me llamen. Si sacamos una estadística, se podría decir que me llaman cerca de 1 vez cada 2 meses… y eso. No creo que tenga más de 100 llamadas en todo el tiempo que he tenido mi celular, que ya va por los 6 años. Me manejo con SMS.

Pagué rápido y doloro, pero no creo que haya habido otra manera. Lo simpático es que me contestaron con la misma frase.

Moraleja: no comas almejas.

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