Incidencia incidental de los incidentes: ¿Una Co-incidencia?
Hoy tuve la casualidad de conversar un poco con una ex-compañera del Liceo, una cosa que siempre rehuyo, y es por el hecho de que los odié durante fin de año, y creo que por ser tan odioso no merezco y no debiera conversar con ellos. Es como una especie de castigo, o remoridimiento. Me quedo con el remordimiento.
No puedo hablar tranquilamente con ellos, y es más por eso. Eso, y porque no tengo tema que hablar con ellos. No tengo nada que hablar con ellos, sólo de lo clásico que se habla con alquien cuando sales del liceo y presumes que es un universitario como tú. En fin, odio hablar con ellos. No soy un idiota que pregunta de carretes, que no tiene ese bagaje clásico de los que estaban en mi curso. Soy un (auto-)excluído.
Tomando eso, el fin de semana pasado, el domingo, fui con unos compañeros de pensión a almorzar al comedor solidario por primera vez. No fui antes en el año porque no sabía dónded quedaba, y porque no tenía con quién ir. Me junté con el Victor, y se adosaron el Pato y el Rojo. El almuerzo fue bueno, puré con bistec. La comida no fue muy conversada, esperaba un poco más de diálogo en la mesa. Esa es una de las cosas que hecho de menos de la casa, el conversar de algo mientras se come. En el silencio de nuestro almuerzo, podía escuchar algo de una conversación de la mesa que estaba junto a nosotros. En un momento escucho a uno de aquella mesa decir “¿pero cómo ese weón puede estar siempre frente al computador? No carretea, no tiene mina, no hace niuna weá. No tiene vida.” Pensé que eran conocidos y que me estaban molestando, porque esa frase es bien fría como para referirse a alguien a sus espaldas. Sobre la misma, uno de los de la mesa replica que eso es cierto, y otro asevera lo mismo. Uno de la mesa, el último, eran 4, dice “pero esa es su vida, es lo que a él le gusta…”. Luego el primero contesta “será lo que él quiere, pero hay mundo afuera, y ese weón no conoce nada. Yo no podría vivir de esa manera…”. Con aquello ya era evidente que no hablaban de mí, sino de alguno de sus amigos o compañeros.
Me dejó helado esa conversación, o por lo menos los comentarios que había escuchado hasta ahora. Era evidente que había un tipo con similares características a las mías en ese aspecto, con la diferencia de que no tengo las suficientes razones como para estar pegado a una PC todo el fin de semana (a menos que tenga internet). Se nota que no soy el único que es excluído por tener un comportamiento distinto al de los demás. Aunque en esto de la relativización de los puntos de vista, no sé si acaso soy yo el que está equivocado, o son los demás. De hecho, mi manera común de ver este tipo de temas, prefiero asumir que soy yo el que está mal. Más que una posición cómoda, es la única posición que puedo adoptar, porque no tengo apoyo suficiente como para respaldar que lo que hago yo está bien o no. En todos lados me encuentro con una sola respuesta: cambia.
Antes la gente decía que yo estaba bien, pero mis pares decían que estaba mal. Ahora es más la gente que dice que estoy mal, y mis pares son más invasivos en ese aspecto. Aparentan aceptar mi “condición”, pero en realidad atacan mi modo de vida. Creen que si voy a sus carretes, yo seré más feliz. Ellos serán felices, pero yo no. Ya he ido a carretes con compañeros de curso, y no es lindo, para nada. No me gustan, porque comparten ellos, mientras uno… se da vueltas, hace el loco, y no lo pescan. Después alegan que uno es el que se excluye… Este tema realmente me da rabia, porque es la raíz de mis problemas de socialización con gente común y corriente. Me fuerzan a cambiar algo que no creo que esté mal, porque desde acá soy capaz de ver que ellos, por mucho que carreteen, no son felices, y por eso se ven forzados a carretear cada fin de semana, para huir de este mundo. Me da pena ver que cientos de idiotas se dirigen a lugares para huir de su realidad, y cada fin de semana pagan con dinero y con una parte de su vida, el precio de un escape a la realidad que nunca es suficiente, y que hacen una y otra vez, cada vez reduciendo su escape y sus expectativas de vida. Salen con la intención de tomar, de pasarlo bien, de comerse a una mina, y ser el centro de la atención… sólo por una noche. Y al otro día, continúan con sus estupideces, contando sus “hazañas” en el carrete. Son unos verdaderos idiotas, porque no se dan cuenta que nunca volcerán a escapar a la realidad como lo hicieron la primera vez que carretearon. Conmigo se excusan diciendo que van a compartir… y eso no es más que una excusa.
Con eso no quiero decir que mi escape a la realidad es mejor. De hecho, hago lo mismo, pero tengo la capacidad de darme cuenta de lo que hago. No carreteo, me meto a mi computador, y con él, crear mi realidad alterna. Pero mi computador no es nada más que un complemento de mi realidad alterna. Mi realidad de escape está siempre presente, conviviendo con el mundo, fusionada con los lugares, con las personas, con los elementos que generan el mundo físico. Mi mundo alterno es simplemente una generación de un espacio mental, donde plasmo mis ideas, discuto conmigo lo que pienso, interactúo con razonamientos de la cotidianeidad, veo el mundo con otros ojos. Mi mundo alterno no es nada más que situciones semi-fantásticas en un mundo real. Tal vez hablaré conmigo mismo, y pareceré un loco, pero no afecto a nadie. Mi mundo no intenta meterse en la cabeza de ustedes, sino que yo revelo partes de mi mundo para que estén conscientes de que no hablo solo por demencia. Mi escape a la realidad es recurrente, y se usa cuando se debe, cuando puedo, y me permite relajarme mejor que un carrete. El que la mayoría de las veces me deje llevar por mi mundo no es más que una manera de mostrar que no estoy conectado con este mundo por un período corto. 10 minutos, 2 minutos, 3 segundos… es relatividad. En mi mente eso pueden ser eones, años, minutos, o simples 3 segundos. En fin, mi mundo puede ser resumido en una sola palabra: imaginación.
Al final, el loco que hablaba al ultimo (el que lo “defendía”) dijo “en fin esa es su vida, y es la que a él le gusta. Si te da problemas, pues algún día se dará cuenta…”. Es como el final de una cosa que pintaba para una discusión a golpes. Hay gente que tiene tolerancia a cómo funcionan los demás, hay otros que son indiferentes hasta que no los afecte directamente, y otros que no aguantan que los demás no giren en su universo. Seré un poco egocéntrico, y tal vez quiera que los demás giren a mi órbita, pero no me gusta influír mucho en su manera de vivir. Prefiero que convivan mejor entre ellos, antes que sean como yo. Si hubiese gente exactamente igual a mí, no tendría interés en conocerla, porque sabría sus defectos. En fin, se ve que hay gente que “nos” apoya, y gente que “nos” detracta. Prefiero quedarme por la gente que me apoya, es poca, pero su aprecio vale más que todo el desprecio del infierno (o del cielo, es lo mismo).
Los incidentes como éstos me hacen pensar: ¿quién tiene la razón: la masa no democrática, o los excluidos organizados?
